Asilo en el Paraíso.
En México tenemos historia en esto de recibir a quienes no la están pasando bien y, con una apertura infalible, mostrar lo que somos y la belleza abundante en la que vivimos. Desde iraníes y soviéticos hasta cubanos y peruanos, hemos definido en el transcurso de nuestra historia ser un pueblo de brazos abiertos.
Hay matices, claro está, que acompañan a las decisiones políticas de recibir a tal o cual personaje y no hacerlo con algunos más. Como todo en la vida pública, hay intereses, de pronto perversos, de pronto válidos.
Como siempre, acá en estos textos, prefiero centrarme en lo positivo y en lo que construye. Así, rememoro la solidaridad (que tiene que ver con el asilo) interno que hemos tenido también ante actos que han afectado imprevisiblemente a nuestros connacionales. El sismo del 1985 es el ejemplo más claro. Ante la duda, la ayuda. Ante el dolor, las palabras de aliento (mayormente por parte de desconocidos).
Quien viene se da cuenta que al mexicano lo que le mueve es dar sin esperar recibir nada a cambio. Eso nos hace felices.
Ante tanta controversia y discusión tanto en medios tradicionales como en redes sociales, caí en cuenta (de nuevo) que debemos, para ampliar nuestra visión del presente y del futuro, entender nuestro pasado. Para repetir lo que sí dejó beneficios, para evitar lo que generó dolor. Peligroso ver solo una cara de la moneda, en cualquier caso.
Beneficiar a unos cuantos, recibir y autorizar discrecionalmente el requerimiento de alguien que busca pasar tiempo en nuestro país por su pasado político es, cuando menos, peligroso. Busqué en estos días ejemplos en nuestro país, de cualquier tipo, que me hicieran entender las implicaciones de saber recibir a quien de fuera quiere pasar momentos de paz.
Y de pronto apareció Mayakobá. El destino, el torneo, la oportunidad. Llegó hace 13 años, dando asilo a todas las ideas de lo que un evento de primer mundo debe ser. Recibiendo a quienes soñaron con pertenecer al tour más importante del orbe. Sin excepciones. Sin generar polémica, brindando la mejor experiencia en el circuito, dicho por los mismos jugadores.
En resumen, el paraíso.
Un evento que incluye infraestructura, un sueño, instalaciones, planeación, comunidad, medio ambiente, alto rendimiento, empleos, sonrisas, derrama económica, cultura, gastronomía, niños aprendiendo un deporte, unión. Una buena historia para nuestro país de la que debemos hablar.
Las estrellas que llegan a El Camaleón Golf Club vía aérea no luchan para que otros países los dejen volar sus espacios aéreos. El destino es Mayakobá y los gobiernos saben que se trata del evento pionero del PGA Tour en México. UNANIMIDAD.
Bienvenidos todos. Es una semana para disfrutar.


